Cómo me agarró noviembre de 2015.


Un año te puede cambiar mucho. Eso leí en algún lado y creo que es cierto.
Después de haber estado muda tanto tiempo, al menos en la escritura y en todos los soportes y géneros, es difícil hacer brotar las palabras.
En un año sané, me curaron, viví, disfruté, fui libre, lloré, lamenté, me enorgullecí de ciertas decisiones, me arrepentí de otras y sigo con la incertidumbre de unas cuantas.
Ya sé qué quiero y qué no en muchos aspectos, me falta lograr lo que sí y no aceptar lo que no, como vine haciendo forever and ever.
Veremos como continua esto...

THE END, again.



Otra noche sin sueño escuchando a Patsy Cline y a Otis Redding. Otro final de algo, para variar. Soy pésima con los finales, los comienzos son lo mío. Creo que hasta abuso de mi creatividad en los primeros instantes. Luego todo se vuelve bizarro, yo muestro mi ser nerd o inadaptado, hay risas y momentos buenos, pero... todo tiene un fin, por lo menos hasta ahora, y estuvo bien así. 
Este final está más o menos bueno y me viene bien, ya era hora, pero la nostalgia maldita me persigue. La muy perra no me deja en paz con nada y viene hasta con personas que conozco por unos días. Siempre fue así. Después se me pasa, siempre también, pero preferiría no tener que olvidarme de todo y todos en todas las ocasiones. 
No tengo proyectos, deseos de nada mejor, ni esas cursilerías. Por el momento quiero tener raptos de normalidad o mejor no, raptos de frialdad y que nada me importe nada, ni siquiera por una semana o dos como hasta ahora.
¡Ojo! No hablo de frialdad pura, sólo quiero que las cosas no sean tan intensas.