Al fin tomaron sentido y no se pisaron la cola tantos temas subidos a las distintas redes sociales (que llenan mis horas en las que debería estar haciendo cosas que me sumen). Al fin fueron consecuentes y llegaron no sólo al punto y aparte, sino al punto final de la historia nunca abierta y siempre intermitente.
Las nuevas y viejas canciones, sus letras tristes, los cumples de gente que no está, las malas noticias sobre uno mismo, el período, la lluvia, todo eso, todo hizo del día gris un día de lágrimas, de clima casi luctuoso.
A pesar de tanto ojo rojo y aire sensiblón, estoy conforme, tranquila con mis decisiones, porque sé que nada iba a ser mejor de como estoy hoy, y si estoy así para empezar de nuevo quiere decir que puedo ir escalando en ese Everest anímico hasta llegar a mi cima. Me tengo fe.


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